
En un mundo imaginario de espacios imprecisos, cielos multicolores y paisajes tan inciertos como poderosos habitan los personajes fantásticos que la imaginación de José Antonio Diazdel produce, y que transmite en una recreación cromática cargada de irrealidad intelectual al tiempo que su figuración se carga de ternura y humanidad. Una irrealidad que a poco que se mire con detenimiento se hace cercana al mismo tiempo que su composición cromática nos hace percibir las sensaciones para las que fueron diseñadas. Una irrealidad que en la cercanía se hace muy deducible, una irrealidad que puede querer materializarse.